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domingo, 1 de enero de 2012

LAS TRAMPAS DE LA AUTOESTIMA Y EL EGOÍSMO (parte 2)

LAS TRAMPAS DE LA AUTOESTIMA Y EL EGOÍSMO (parte 2)

Uno de los elementos fundamentales para una adecuada salud mental y una vida medianamente feliz es poder obtener aquello que uno anhela o se propone. Pero hay que tener una cosa bien presente, una enorme capacidad se esconde tras nuestra mente verbal. Y esta capacidad nos puede hacer inmensamente felices o profundamente desdichados.

El ser humano es un ser verbal, es decir, presenta la impresionante facultad de desarrollar un lenguaje hablado que permite simbolizar diferentes realidades y crear mundos interiores a voluntad, todo en el contexto de una mente que es consciente de sí misma y que, por derivación, es consciente de las mentes de los demás.

La felicidad es un concepto muy esquivo si tratamos de ponerle coto y definirlo de una manera igualitaria para las personas pues, más allá de las cuestiones que atañen a la supervivencia, cada persona deberá “decidir” qué es lo que le hará feliz y hacia qué cosas dirigirá sus esfuerzos. Esto no siempre es tarea fácil, pues en ocasiones funcionamos mediante una especie de “piloto automático” que nos va haciendo sentir de maneras diferentes y que condiciona nuestras decisiones casi sin que nos demos cuenta.

Ruiz y Luján (1991)  (1)  publicaron un magnífico inventario de pensamientos automáticos que son aquellos procesos de análisis de información que nuestra mente realiza casi sin conciencia de ello. Es importante percibir nuestra manera de pensar, ya que en muchas ocasiones desarrollamos ciertas tendencias de pensamiento que nos llevan a la producción de ciertos errores en el procesamiento lógico de la información. Estos errores se conocen como “falacias” y es muy interesante analizar el destino hacia el que deriva nuestra mente cuando se activan estos patrones de pensamiento, así como comprender por qué salen (2)

En el desarrollo de la autoestima, los demás tendrán un papel fundamental, sobre todo cuando analizamos la socialización de un ser humano y cómo ésta se realiza. Nacemos totalmente dependientes de los demás y nos vamos desarrollando en una constante pugna entre la independencia y la necesidad de vínculo.

Los patrones de conducta (entendiendo por conducta comportamiento, ideas, sentimientos, emociones, etc.) de los demás van impactando en el niño y esto va conformando diferentes formas de enfrentar el mundo. Lo importante es conocer cómo funcionan nuestros patrones y saber que podemos regularlos de forma voluntaria, pero para ello es preciso primero darnos cuenta del patrón y, segundo, introducir alternativas en nuestro procesamiento.


Una cosa interesante de todo esto es pensar que podemos relativizar y alterar el significado que las cosas tienen para nosotros y la forma en que nos tomamos los acontecimientos del día a día. Esto es un aspecto fundamental de la percepción de la realidad, ya que establece el marco de referencia sobre el que se juzgará el mundo (3)

Hablamos de las contingencias de los otros cuando nuestra conducta va guiada por las consecuencias que nos imponen los demás. Es algo necesario, para poder organizarse socialmente, que haya alguien que diga lo que hacer, cómo hacerlo, cuándo hacerlo, etc… en la sociedad actual tenemos diversos ámbitos donde se establecen estas reglas: familia, colegio, leyes, etc… existe una correspondencia entre esta conducta y la historia de refuerzos y castigos que ha ido recibiendo la persona en su desarrollo, por lo que es una primera etapa inevitable que configura la base sobre la que se tendrá que desarrollar el individuo.

Aquí nos podemos encontrar con cosas buenas y con cosas a lo mejor no valoradas como buenas. Por ejemplo, imaginemos a un niño pequeño al que enseñamos a compartir sus cosas y le vamos premiando sucesivamente cuando lo hace, posiblemente llegará el momento en que él mismo tendrá la regla presente en su mente y no hará falta que estemos nosotros para ayudarle a cumplirla… en ese momento la regla hará su efecto y permitirá a la persona decidir si seguirla o rechazarla. Hay que observar que en otros momentos, en el contexto donde se daba esta regla, había personas que sancionaban el no cumplimiento pero que en este momento no hay nadie pero es como si estuvieran, es decir, están sólo a un nivel funcional asociados a la regla. Y así, de manera indirecta, están controlando la conducta.

Igualmente nos podemos encontrar con personas que han aprendido a pelear por tener siempre la razón, quizás porque en su biografía pasada perder la razón suponía la pérdida de atención, cariño, apoyo, o incluso la angustia de sentirse derrotado o humillado. Si esta persona no es capaz de darse cuenta de este proceso, en ocasiones se verá arrastrado a discusiones posiblemente estériles donde no importará tanto el qué se discuta, sino la base de uno mismo en un contexto donde tener razón es el principal objetivo. Se estará repitiendo el proceso anteriormente explicado y el precio a pagar será entonces machacar al otro o ser machacado lo cual, como se podrá imaginar, no resulta nada positivo para nadie y es fuente de enormes cantidades de problemas en todo el mundo (4)

Este tipo de regla debe dejar paso a otras formas de control que veremos en unos momentos. Si no lo hiciéramos, podría darse una situación de indefensión y dependencia cuando la persona se tuviera que enfrentar a alguna situación no estructurada y donde la autoestima podría quedar en peligro. Es cuando hace falta disponer de los demás, cuando es preciso que alguien marque la norma. Esto es muy peligroso, ya que se genera un mundo mental que a veces no casa con otras posibles opciones del mundo exterior y puede derivar en rigidez mental y problemas de relación personales.

Si tenemos esta forma de funcionar muy presente, posiblemente estaremos buscando las consecuencias mediadas por los otros, con lo que perderíamos libertad al estar persiguiendo a los demás para que nos otorguen esa consecuencia. Es la base de la manipulación de la que podemos citar un ejemplo extremo: Corea del Norte, donde la aplicación extrema de un ideario anula la voluntad de millones de personas y quienes se salen del tiesto, sufren las consecuencias. Es por ello que lo recomendable es ir cediendo el control al individuo para que, con su propio criterio, pueda experimentar la realidad y elegir su camino. Marcar el camino y obligar a seguirlo puede reflejar necesidades de control muy significativas para el que se configure como “líder”

Ni que decir tiene que es preciso preparar la mente para poder reflexionar sobre sí misma y de esta manera ayudar a que una persona pueda elegir en el futuro todo lo que le pueda convenir, teniendo siempre esa capacidad crítica bien presente y sólidamente asentada.
Esto lo abordaremos en la próxima entrada…

NOTAS:
  1.         http://www.psicologia-online.com/ESMUbeda/Libros/Sentirse_Mejor/sentirse2.htm
  2.     http://www.psicologia-online.com/ESMUbeda/Libros/Sentirse_Mejor/sentirse3.htm
  3.        Wilson, K. G.; Luciano Soriano, M. C. (2009) Terapia de aceptación y compromiso. Madrid: Pirámide.
  4.         http://www.papelesdelpsicologo.es/vernumero.asp?id=1339

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