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miércoles, 4 de abril de 2012

LAS TRAMPAS DE LA AUTOESTIMA Y EL EGOÍSMO (y parte 3)

Quiero dedicar esta entrada a la Profesora Carmen Luciano Soriano, Catedrática de la Universidad de Almería. La conocí en una clase magistral en un Máster y gracias a su brillante exposición encontré un faro en la tormenta que me ha permitido realizar una evolución muy importante a nivel personal y profesional. El cambio no implica siempre hacer algo nuevo, puede ser hacerlo de una forma nueva. Por ello, muchas gracias.

Despegamos un domingo 1 de abril de 2012 a las 21:30h. Destino: el de siempre. Objetivo: incierto, tal vez el hecho de negociar de nuevo un sentido para este guirigay de realidad.

La herramienta. Sólo es eso. La herramienta. La mente es una poderosa herramienta. Pero nada más.
Y, sin embargo, lo es todo.
A veces, el mundo es una coña enorme. Tan enorme que si me pegara ahora un tiro y los "expertos" leyeran esto, le pondrían irremisiblemente unas cuantas etiquetas... lo que resulta aún más de coña. O sea, hablamos de salir del problema y llegan con que ese es el problema? ¿Las etiquetas?

El verbo, la raíz de nuestra mente. ESE es el poder. Y a partir de ahí, todo es inventado. Como dioses creadores, lo que somos. Como borregos cegados en ocasiones, también.

En caso de duda, recúrrase a la biología. A la naturaleza. En caso de duda, por favor, NO consulte con su médico y ni muchísimo menos con su farmacéutica. Le va la salud en ello. Pero la salud de verdad, no la que le cuentan. En el ámbito de la salud mental no todo es sincero, no todo va orientado en la dirección adecuada para ayudar a lograr mejoras en el bienestar. Y eso no está bien.

No todos estamos preparados para mirar la verdad a la cara. Y a los que eligen ese duro camino, eso les hace diferentes. No mejores, no peores, simplemente diferentes.

Los animales humanos somos una forma diferente de consciencia. A lo mejor es cosa de sinceridad, nada más. Pero esa sinceridad es un enorme paso a dar, un paso donde no hay retorno. Cuando maduras es cuando conscientemente abandonas, cuando dejas atrás. Ya no hay engaños verbales, se acabaron las trampas. Ahora sólo hay biología y consciencia. La misma que nos dice que el ser humano es ruin, zafio y rastrero. La misma que nos ha dado la herramienta para solventar todo lo anterior y todo lo posterior. Solventar los errores de construcción de nuestra realidad que nos hacen sufrir, derribar los muros que levantamos en nuestra cabeza, liberarnos de la carga del malestar generado por nosotros…  

La herramienta que nos da lo único que sabemos… que algo sabemos. Se podría reducir a exponer simplemente que somos conscientes de nosotros mismos. Y he ahí su gran y simple verdad. La raíz de todo. Las formas de construir conocimiento, de llevarnos más allá, son las que nos devolverán a la raíz primordial. A nosotros.

Pues delante de la muerte el ser humano retorna a su valor, a lo que le importa de veras. Y ahí aparece el dolor por la vida no vivida o por la vida perdida. O simplemente, ahí radica el dolor de vivir, porque todos vamos a morir y a perderlo todo. Seamos agradecidos por lo que quiera que sea lo que nos haya dado este momento de consciencia que es, en definitiva, lo que somos.
Y huyamos de la muerte artificial que es la guerra. Ya habrá tiempo de morirse, no adelantemos algo que es irremediable.

El ser humano es un ser doliente, un superviviente cansado en ocasiones de esta absurda batalla que es la sociedad. Con sus reglas. Con sus valores. Y el problema es que se encuentra en medio del camino consciente de todo esto y con la opción difícil de conocer y saber que es él mismo quien tiene la solución. El cambio psicológico no llega gratuitamente y sin concesiones. Es un camino sin retorno. Lo que nos sucede nos marca. Y sólo es cuestión de profundidad de huella... Algunas cosas serán como esas estelas en la mar que deja la proa del barco... otras como el profundo surco en la tierra que se agrieta ante el terremoto... Es elegir lo que nos libera o lo que nos atrapa.

El despertar de la consciencia es una cosa muy difícil de aprehender para trasmitirlo... pero quien lo ha vivido no necesita palabras. Las palabras están para transmitir ideas. Cuando las ideas se comprenden, en muchas ocasiones no hacen falta las palabras. Y nos encontramos rodeados de personas que usan las palabras constantemente para agarrarse a ellas como náufragos en un mar embravecido. Y eso a veces cansa. Cansa ver las peleas que libran los demás y cansa librar uno mismo peleas constantes.

Yo me mí conmigo. Retrocedo y analizo. Adelanto y vaticino. Todo es verbo. Todo es una construcción de la mente. Y en caso de duda, recúrrase a la Naturaleza. Ella sabrá ponernos en nuestro lugar. Ella nos pondrá en nuestro lugar.

Nuestro afán de matarnos los unos a los otros, de machacar al de al lado parece obedecer a un simple mecanismo de autorregulación que la dirección de este desaguisado podría haberse ahorrado, aunque quizás por eso precisamente está aquí. Para que nos elevemos sobre ello. Es decir, cuando el ser humano crece socialmente, lo hacen de la misma manera los diversos “trastornos mentales”, y si no los hay, los inventamos. Pero el problema es que al elevarse uno mismo al separarse de las categorías y normas sociales, se va elevando sobre aquellos a los que se quiere. Y uno se aleja. Sin quererlo y sin ser casi consciente, pero ocurre.

Y a veces hay que aterrizar en un duro suelo. El de los demás que no han comprendido absolutamente nada de esto. Que siguen aferrados a ellos mismos y sus problemas sin saber que más allá del miedo está la clave. Esto ya se sabía desde hace muchos años, los griegos nos dieron grandes lecciones sobre esto. En nuestra grandeza también cabe nuestra miseria y, en definitiva, nuestra humanidad.

Buscando una razón para no pegarme un tiro encuentro algo profundo: Pregúntale a la naturaleza. Y ella me responde: come algo, que hay hambre. Y el resto, yo mismo lo decido. He ahí la más absoluta y pura verdad que ahora mismo puedo decir que tengo. Y el resto, construcción mía... donde yo soy el creador. Yo decido el comienzo y puedo decidir el final, aunque éste siempre llegará, sólo me es dado adelantarlo.

Y puesto el ser humano ante este abismo epistemológico que es la vida... dígase al menos en mi defensa que es que estaba loco de remate.  Al menos algo a lo que los demás se puedan agarrar para entenderlo.  Al menos algo traducible a un idioma que los demás mortales que no manejan  estos códigos puedan entender. Vale, tenéis razón, se puede intentar hacerlo de otra manera, porque en esta forma de hacerlo hay a veces cosas hirientes o quizás dolientes. Quizás demasiada verdad. Y eso es normal que asuste. Pero no mata. También os lo digo.

Ítaca nos espera. Y el tiempo no perdona.

Liberarse es dejar atrás lo que nos duele. Y lo que nos duele, lo hace porque está conectado de forma irremediable con lo que nos importa. Porque si no nos importara, íbamos a estar aquí sufriendo tan alegremente… y una leche. Lo que nos importa es lo que debe dirigir nuestra energía. No lo que nos duele. Aunque a veces el dolor sea algo a atender cuando esté ahí avisando para que no nos olvidemos de algo importante.

En esta epopteia está permitido el dolor. De hecho, sin él no hay baile. Pero el dolor es un colateral invitado a esta fracción de consciencia que somos.

Hemos llegado. Y lo terrible que se esconde tras estas dos palabras se cierne sobre la conciencia. Porque hace mucho que hemos llegado. No sería tan difícil de explicar si alguien se pudiera meter en esta cabeza y pensarlo como yo lo hago. Pero ahora se reduce a ver cómo usar este potencial elemento de una manera constructiva. Sobre todo, porque de no hacerlo, nos colocaríamos al borde del abismo existencial. Donde ya no hay palabras a las que agarrarse. Y ahí, recúrrase a la biología, a la naturaleza. La Madre es sabia, nos indica el camino a los que son pacientes para pararse y ver.

El problema es que nos creamos cada vez más normas y nos olvidamos de las esenciales, las de la naturaleza. El resto, sólo es un invento humano, una falacia a la que le estamos dedicando nuestro tiempo. La pregunta que escucho a menudo es: si hago lo que se supone que debo hacer... ¿por qué entonces este vacío, esa sensación de que hay algo que no marcha?

La locura nunca tuvo maestro para los que vamos a bogar, sin rumbo perpetuo... (Bumbury)

Cuando uno cree que ya no puede soportar más, cuando uno cree que está a punto de reventar es cuando debe parar y preguntarse: "¿Qué es lo que me gustaría hacer ahora mismo?" Porque realmente podemos hacerlo, siempre que podamos tener presente que hay reglas que no podemos infringir, las de la naturaleza.

Es decir, yo puedo desear estar en una playa paradisíaca, pero si no doy los pasos adecuados en el mundo exterior no me moveré de mi sitio.
Hasta ahí lo obvio.

Ahora lo complicado: somos los dueños de nosotros mismos. De lo bueno.  De lo malo. De todo. De ABSOLUTAMENTE todo. Y eso es parte del problema.  Nos hemos acostumbrado a que alguien más “competente” que nosotros mismos tome el control, de hecho, nos lo repiten hasta la saciedad por todos los medios posibles.  ¿Se han fijado que siempre hay alguien competente diciéndonos lo que tenemos que hacer para dejar de estar mal y empezar a estar bien? ¿Se han fijado realmente? ¿Sí? ¿Y no les parece que es como si cada vez que uno se enfrasca en esa batalla, pareciera que peor se siente uno y que la cosa está mal de veras?

Ese alguien competente que nos dice que tiene que prescindir de nosotros por cuestiones “económicas”, ese alguien competente que nos dice que no tenemos derecho a tener michelines… o ese alguien competente que nos dice que compremos productos marca “X”, o ese alguien competente que nos intenta convencer para rezar al dios adecuado, o tal vez alguien competente que nos ofrece un estupendo paraíso artificial donde no hay dolor si tomamos su pastilla, etc… pero el caso es que, llámese como quiera llamarse, siempre hay alguien competente. Que nos dice que no somos los dueños en nuestra propia casa, que nos dice que se nos escapa algo y que ellos lo tienen y que nos lo ofrecen en buena voluntad, a un módico precio, entiéndase. Que ser competentes no supone ser gilipollas.

Pero la verdad es que no debemos hacer eso. No debemos ceder el control. Porque es nuestro. Y por ello, nos corresponde a nosotros elegir. Y ahí está el problema, pero también la salvación. No hay tierras prometidas, no hay milagros que valgan. Sólo una certeza. Profunda, triste, terrible si se me apura. Y no cabe construir contra ella absolutamente nada. La vida es una coña, ¿recuerdan? Y se termina. No me pregunten por qué, porque no lo se.
Estamos  en esa tesitura ahora mismo. Atrapados. Enredados.  Y está la absoluta certeza de que la respuesta es más simple de lo que pretendemos hallar, sobre todo porque con la herramienta que iniciamos este viaje es especialmente buena para una cosa: evolucionar.

Y eso hemos hecho, como especie. Pero a veces las tendencias nos distraen del principio esencial que nos mueve. A ellos, a estos principios, debemos regresar cuando falle algo. A nuestros valores, a lo que realmente nos importa en lo más profundo. A aquello que realmente podamos llevar siempre con nosotros hasta el final del viaje, algo que nunca nos ha faltado. Y que radica en nuestra consciencia.

Nosotros marcamos lo que nos gusta, lo que nos disgusta, lo que hacemos o dejamos de hacer, a lo que nos enganchamos, de lo que nos desprendemos.

La consciencia es la herramienta,  pero es la de cada uno para consigo mismo. No pueden valernos los principios de otros si no lo elegimos conscientemente. Lo demás, tendremos que negociarlo. Y elegir con qué nos quedamos y a qué nos agarramos.  Porque Somos libres de elegir. Al menos que podamos hacerlo con el conocimiento debido. Porque un cambio siempre es posible. Y empieza con un pequeño paso. Imaginen por un momento que deciden dar ese paso rodeados de aquellas cosas que quieren, de aquellos que aman... y de repente, cuando uno ha avanzado y siente ese vacío, mira alrededor y ve... que ha caminado siempre solo. Y ahí es cuando lo entiendes todo. Porque venimos al mundo solos y nos vamos del mundo solos. Solos con nuestra vivencia de la realidad. Rodeados de gente, pero solos.

Es ahí cuando comprendes el amor, porque amar es compartir sin esperar, es dar sin esperar la palmadita, sin querer el caramelo. Dar es dar. Y punto. No hay más, no lo busques.

Y ahí es cuando ves que el fracaso del amor es la guerra. Y cuando ves que la guerra obedece a intereses oscuros es cuando descubres que no siempre hay lógica en lo que ocurre. Pero una cosa está clara... la naturaleza sigue prevaleciendo pese a todo. Por mucho que queramos, odiemos, creamos, matemos... no dejará de ser otra forma más de  consciencia... que regresará a la raíz de la naturaleza. Porque el soporte, el envoltorio de lo que somos, algún día perderá el aliento vital y adiós muy buenas, nada más importará.

Nosotros construimos las reglas. Y por desgracia, en ocasiones, esas reglas nos juzgan duramente. Nos imponen y subyugan. Pero podemos elegir. Aunque eso supone un alto precio, porque la libertad hunde sus raíces más profundas en la verdad más absoluta, en la única que es irrenunciable. Todos vamos a morir.

Eso no nos es dado evitarlo, aunque podemos manipularlo y adelantarlo. Si te sientes cercano a ese momento donde realmente sientes que es mejor estar muerto, no lo dudes, intenta hablarlo con alguien. No me refiero a que abandones tu deseo, porque no sería lógico ni ético tratar de imponerte mis valores, sino que me refiero a que al menos puedas elegir de una manera más libre. Es decir, que al menos seas tú el que elige quitarse la vida y no el malestar por tus deudas, que seas tú quien elige abandonar y no el sentimiento de haber perdido tu tiempo y tu vida con el alcohol... que seas tú quien se marcha  y no el sentimiento de haber fracasado como madre, etc.

La base de lo que quiero decir es que TODOS tenemos problemas. Algunos más que otros, pero algo que siempre me planteo es que a veces nos cargamos innecesariamente con más problemas de los que debemos. Estamos jodidamente cerca del abismo,  ¿verdad? ¿Quién no se ha sentido perdido algunas veces tratando de seguir el ritmo que se impone en la sociedad? Creo que todos los seres humanos nos sentimos perdidos en algún momento de nuestras vidas. Y creo que no hay nada de malo en ello, ni tampoco en reconocerlo. En esos momentos es cuando uno se puede detener y utilizar su capacidad de elegir y de responder. Esa capacidad es lo más útil que tenemos. Y se reduce a una simple pregunta: ¿Por qué no me quito la vida? Ahí es uno el que elige, el que decide la razón para tomar las decisiones pertinentes.

Cuando uno se hace consciente de esto, de que elige seguir vivo, se hace dueño de su propio dolor y retoma el control otra vez. Porque si uno está dispuesto a abandonar todo y pegarse un tiro podrá  mandarlo todo al carajo sin matarse. Es una forma de morir, pero más sana. O sea, me planto de cara al abismo, me asomo, me planteo seriamente saltar y en vez de hacerlo tiro todo lo que me ha llevado a estar así, pero elijo seguir viviendo para poder cambiar algo. No está mal.

Porque el dolor siempre estará ahí y es mejor que aprendas cuanto antes a negociar eso contigo mismo. Eso es ley natural, como la ley de la gravedad. Es indiscutible. Inténtalo, lo de discutir contra esta afirmación sobre el dolor. HAZLO. Enrédate todo lo que quieras. Depílate el cuerpo entero, cultiva un cuerpo 10, acumula inmensas riquezas materiales, posee muchos cuerpos bonitos, obtén múltiples galardones, vive conforme a las reglas… así y aún a pesar de todo lo que sea, el dolor va a venir. SIEMPRE.

Y en vez de evitarlo, quizás sería interesante que pudieras aprender a hacerle espacio, porque así duele menos y se aprende más. Porque al aceptar esto creces. Porque ya no estás haciendo algo porque “haya que hacerlo”, lo estás haciendo porque así lo has elegido y decidido.

Cuando vayas hacia el dolor serás libre.
Serás libre cuando comprendas.
Comprenderás cuando elijas.
Elegirás cuando tengas dudas.
Las dudas son la norma.
La norma puede cambiarse.
Y lo que cambia es que está vivo.

Yo elijo. Yo mando. Yo nazco. Yo crezco. Yo muero.

Aterrizamos un lunes a las 03:16h. Esperamos que hayan disfrutado del vuelo. Y esperamos verles pronto de vuelta con nosotros. Salud y ¡¡buen viaje!!

Salve Esclave!!

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